LA PARADOJA DEL AMOR.
En un pequeño pueblo, vivían Alejandro y Marina, dos amantes destinados a la separación. Alejandro, soñando con un futuro próspero, recibió una oferta de trabajo en la ciudad. Con una sonrisa irónica, exclamó: ¡Qué suerte la mía! Ahora podré estar más cerca de ti, como una estrella que abraza a la luna en el cielo nocturno. Sin embargo, sabía que su partida los alejaría aún más, como dos ríos que corren en direcciones opuestas, pero que anhelan encontrarse en el mar. Marina, con el corazón hecho pedazos, recibía las cartas de Alejandro como un bálsamo amargo, pues cada palabra escrita dejaba un sabor agridulce en su alma. ¡Qué felicidad la mía! Cada día te siento más cerca, expresaba con sarcasmo, como si estuviera bebiendo un elixir de veneno que le daba vida y a la vez agonía. Pero en cada palabra escrita, sentía un profundo vacío y anhelaba un reencuentro imposible, como una golondrina que vuela sin rumbo en busca del nido perdido. Luchando en su interior, Alejandro tomó la valiente...