Mis Ojos, Mi Mirada, Mi Desafío
Mis Ojos, Mi Mirada, Mi Desafío Emerjo de la penumbra, no como fugitiva, sino como soberana. Mi manto no es luto, sino piel de noche tejida con hilos de estrellas antiguas. Las gafas oscuras que cubren mis ojos no son ceguera, sino un pacto: veo lo que ustedes temen mirar. Mis pupilas, cálices vacíos, guardan la memoria de diosas desterradas. Avanzo. Mis pasos no huyen, dibujan. La tierra susurra mapas olvidados bajo mis pies descalzos. A mi lado, el gato—su lomo arqueado es un puente entre el aullido del viento y el silencio de los astros—. Sus ojos, espejos lunares, reflejan no la luz, sino el vacío que la precede. Él no me sigue: somos la misma sombra bifurcada. Alzo un dedo, sí, pero no es amenaza. Es un conjuro. En la yema, brillan siglos de mujeres que mordieron la manzana del secreto y escupieron semillas de acero. Mi sonrisa, apenas un pliegue en el mármol de mi rostro, es un jeroglífico que nadie descifrará. La bruma no me envuelve: soy...